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Gummo, la primera película de Harmony Korine y una de las obras de referencia de finales de los 90, comienza y acaba con la imagen de un niño con orejas de conejo. “El niño-conejo” se convierte en el hilo conductor de la película y casi en la esencia. La metáfora del conejo blanco se ha convertido en una imagen recurrente desde que lo creara Lewis Carroll para su Alicia en el país de las maravillas. De Matrix, a Donnie Darko o la serie Lost. Terence Koh, artista ducho en referencias donde los haya, ha reproducido su cuerpo en 3D y a escala, se ha puesto unas orejas de conejo, se ha convertido en escultura y recubierto de 65.000 perlas falsas. Se trata de “Boy by the Sea”, el nuevo trabajo de este artista mitad japonés, mitad americano que se muestra en la Peres Project de Berlín. El propio Koh justifica su trabajo de una forma sencilla: “Me gustan los conejos y sus orejas le aportan dramatismo a la figura humana”.
Esta pieza se presentó en la Trienal de Yokohama en 2008 pero se exhibe ahora por primera vez en la capital alemana. Una buena (otra) excusa para escaparse a Berlín.
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Chicos y chicas de Vanidad, la web cada día me sorprende más!
Maravilloso artículo.
Ganas tremendas de escaparse a Berlin.
Enhorabuena!