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Retrogusto

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Hace un tiempo, Ron Brugal organizó una cata de sus rones Brugal Añejo y Brugal Extra Viejo en el restaurante Alboroque, dentro de la Casa Palacio de Atocha. Los maestros roneros Guillermo Guarionex Abbot Brugal y Gustavo Eduardo Ortega Zeller – cuarta y quinta generación de la familia Brugal, respectivamente; descendientes directos de Andrés Brugal Montaner, emigrante catalán fundador afincado en Puerto Plata – viajaron a España para participar en “El taller del gusto” y desvelaron los secretos de fabricación y conservación del célebre ron dominicano. A saber, desde el proceso de obtención de la caña y posteriormente la melaza, hasta la preparación de las barricas y la influencia del tipo de madera con el que estén construidas o el tiempo de maceración.

A la cata siguió un generoso menú de siete platos regados convenientemente con sus respectivos vinos, y tras un par de horas, los invitados terminaron charlaron distendidamente de la sensación del “retrogusto” de ambos rones, que es la sensación que permanece en la boca después de la ingestión de estos, y que provocó entre los comensales diferentes opiniones.

Acabamos la comida como hay que acabarlas, con café y cigarro, y nos despedimos todos ya como íntimos amigos (Brugal hace amigos).
Y después de la abundante comida y la más que extensa sobremesa, con el calor que todavía hace en Madrid, qué mejor plan que una buena siesta. ¿Se os ocurre una alternativa mejor a esto? A nosotros no.
Por Daniel Menéndez.

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