Definitivamente imaginar la vida de alguien por su estructura ósea es un ejercicio absurdo del prejuzgar. Puede que la visión y contemplación de cualquiera de los Horrors produzca románticas y dieciochescas visiones de chicos esqueléticos, débiles y de andar lánguido que dirigen sus pasos al cementerio local o a un banco de piedra en el que sentarse a la sombra de un sauce llorón a componer o dibujar; pero la realidad es un torbellino epatante de energía. Rhys, que a ratos gusta llamarse Spider Webb, y Joshua Third, al que le pasa lo mismo pero cambiando el Third por Von Grimm, bajan las escaleras dando vitales saltos, trepan diferentes alturas para las fotos con una agilidad muy loable, se ríen un montón, salivan pensando en comida mexicana y madrileña y, en cuanto divisan unas cajas llenas de discos de Nick Cave y otros artistas del sello Mute en el sótano donde estamos, planean hacia ellas a velocidad de ave rapaz. Todo cuadra, la verdad. Este destacamento de Horrors enviado a Madrid más los que se han quedado en Londres (faltan Faris Rotter, Coffin Joe y Tomethy Furse) es el mismo que dio en Madrid hace dos años uno de los conciertos más salvajes y desquiciados (literalmente) de los últimos tiempos. Faris, el cantante, terminó colgando de la bola de espejos de la sala Moby Dick, la soltó del techo, pidió perdón a uno que la remató involuntariamente de cabeza haciéndose una brecha, corrió por la barra y terminó medio pataleando en brazos de un miembro de seguridad de la sala que le hacía una llave a lo psiquiátrico. Entonces presentaban su primer disco, “Strange House”, canciones garageras, agresivas, un poco góticas y muy a lo Birthday Party; y provocaban, en un porcentaje bastante elevado, una antipatía y desdén internacional bastante incomprensible y muy irritante. Ahora presentan “Primary Colors”, un disco atmosférico e hipnótico, de esos que se cantan y se escuchan mirando al suelo y oscilando despacio la cabeza. Un comportamiento musical parecido a un trastorno bipolar. Y elucubrar sobre vericuetos mentales es totalmente lícito.
Según vosotros os conocisteis en un matadero. Algunos érais carniceros y otros desolladores. Ahora que os tengo cerca, veo que tenéis unas manos muy cuidadas para haber desmembrado animales. Y tampoco os imagino manejando profesionalmente cuchillos de carnicería.
Spider Webb: Pero si yo tengo unas manos fatales. Manos de desollador.
Joshua Third: Las mías están mejor porque llevaba guantes, pero te aseguro que puedo descuartizar una vaca en muy pocos movimientos.
También que coincidisteis en el Rugby School. Lo siento, tampoco os visualizo haciendo placajes y corriendo con el balón.
S.P.: En eso tienes razón, aunque a Faris le gusta mucho el fútbol y juega partidos todas las semanas. Josh, Tom y yo y el deporte… En fin.
Supongo que a estas alturas ya habréis explicado cuatrocientas veces el porqué de un cambio radical de sonido, pero… S.P.: (Mientras Joshua hace que le da cuerda en un lado del cuerpo). Grabamos el primer disco hace más de dos años y han pasado mil cosas pero la más importante es que cuando empezamos a escribir “Primary Colors” todos estábamos en un lugar diferente: mentalmente y como banda. En esta ocasión hemos tenido todo el tiempo del mundo para escribir, pensar y, sobre todo, cambiar de instrumentos. Yo antes solo tocaba el órgano y ahora lo toca Tom, con lo cual todo es… diferente.
Por Marta Hurtado de Mendoza.
Fotografía de Raúl Córdoba.
Si quieres leer el resto de la entrevista, corre al quiosco y hazte con el número de mayo de Vanidad.
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Hello Horrors
Definitivamente imaginar la vida de alguien por su estructura ósea es un ejercicio absurdo del prejuzgar. Puede que la visión y contemplación de cualquiera de los Horrors produzca románticas y dieciochescas visiones de chicos esqueléticos, débiles y de andar lánguido que dirigen sus pasos al cementerio local o a un banco de piedra en el que sentarse a la sombra de un sauce llorón a componer o dibujar; pero la realidad es un torbellino epatante de energía. Rhys, que a ratos gusta llamarse Spider Webb, y Joshua Third, al que le pasa lo mismo pero cambiando el Third por Von Grimm, bajan las escaleras dando vitales saltos, trepan diferentes alturas para las fotos con una agilidad muy loable, se ríen un montón, salivan pensando en comida mexicana y madrileña y, en cuanto divisan unas cajas llenas de discos de Nick Cave y otros artistas del sello Mute en el sótano donde estamos, planean hacia ellas a velocidad de ave rapaz. Todo cuadra, la verdad. Este destacamento de Horrors enviado a Madrid más los que se han quedado en Londres (faltan Faris Rotter, Coffin Joe y Tomethy Furse) es el mismo que dio en Madrid hace dos años uno de los conciertos más salvajes y desquiciados (literalmente) de los últimos tiempos. Faris, el cantante, terminó colgando de la bola de espejos de la sala Moby Dick, la soltó del techo, pidió perdón a uno que la remató involuntariamente de cabeza haciéndose una brecha, corrió por la barra y terminó medio pataleando en brazos de un miembro de seguridad de la sala que le hacía una llave a lo psiquiátrico. Entonces presentaban su primer disco, “Strange House”, canciones garageras, agresivas, un poco góticas y muy a lo Birthday Party; y provocaban, en un porcentaje bastante elevado, una antipatía y desdén internacional bastante incomprensible y muy irritante. Ahora presentan “Primary Colors”, un disco atmosférico e hipnótico, de esos que se cantan y se escuchan mirando al suelo y oscilando despacio la cabeza. Un comportamiento musical parecido a un trastorno bipolar. Y elucubrar sobre vericuetos mentales es totalmente lícito.
Según vosotros os conocisteis en un matadero. Algunos érais carniceros y otros desolladores. Ahora que os tengo cerca, veo que tenéis unas manos muy cuidadas para haber desmembrado animales. Y tampoco os imagino manejando profesionalmente cuchillos de carnicería.
Spider Webb: Pero si yo tengo unas manos fatales. Manos de desollador.
Joshua Third: Las mías están mejor porque llevaba guantes, pero te aseguro que puedo descuartizar una vaca en muy pocos movimientos.
También que coincidisteis en el Rugby School. Lo siento, tampoco os visualizo haciendo placajes y corriendo con el balón.
S.P.: En eso tienes razón, aunque a Faris le gusta mucho el fútbol y juega partidos todas las semanas. Josh, Tom y yo y el deporte… En fin.
Supongo que a estas alturas ya habréis explicado cuatrocientas veces el porqué de un cambio radical de sonido, pero…
S.P.: (Mientras Joshua hace que le da cuerda en un lado del cuerpo). Grabamos el primer disco hace más de dos años y han pasado mil cosas pero la más importante es que cuando empezamos a escribir “Primary Colors” todos estábamos en un lugar diferente: mentalmente y como banda. En esta ocasión hemos tenido todo el tiempo del mundo para escribir, pensar y, sobre todo, cambiar de instrumentos. Yo antes solo tocaba el órgano y ahora lo toca Tom, con lo cual todo es… diferente.
Por Marta Hurtado de Mendoza.
Fotografía de Raúl Córdoba.
Si quieres leer el resto de la entrevista, corre al quiosco y hazte con el número de mayo de Vanidad.
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