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Popy Blasco, los blogs y los secretos del éxito

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Es uno de los blogueros más influyentes  del panorama nacional y tiene muchas cosas que contar. Se trata de Popy Blasco. Este joven madrileño licenciado en Periodismo tomó hace una década la acertada decisión de abrir un blog. Uno de los más castizos y leídos. Y menos mal, porque su labor es enorme. Es inspirador, espontáneo, divertido y sin pelos en la lengua, por lo que, diez años después, cada vez que alguien entra en su blog, “Popy B, The boy you love to hate“, la explosión de ingenio está asegurada.

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Y este ingenio que derrocha no lo invierte solo en sus posts. Popy toca diferentes palos artísticos a cada cual mejor. El escritor, coolhunter y productor de un corto (“Mar y montaña”) de repercusión se confiesa con Vanidad y nos desvela algunos de los pensamientos e inspiraciones que hay detrás de Popy B.

V: Tus post son una fuente de conceptos dispares e inspiradores, ¿Hay una razón dentro de ese caos?
P: Vivimos en el caos más absoluto, a la deriva de nosotros mismos. Mi blog solo se hace eco del caos del mundo en el que vivimos, el caos que somos y el caos de la cultura de consumo que nos rodea. Es un caos maravilloso que te lleva de un lado para otro. Es Anna Allen. Todo ese caos, junto y revuelto, retrata nuestro momento.

V: ¿En qué te sueles inspirar (o con qué) a la hora de ponerte a escribir?
P: Me inspiro en lo que me rodea. Hace no mucho, por la calle, vi a una pareja de novios que estaban mirando su reflejo en el cristal de un escaparate y la novia le dijo a su chico: “Siempre que nos miramos en un espejo solo te miras a ti…”. Otro día, en el autobús que me lleva a casa, delante de mí había dos señoras hablando de la pasarela Cibeles (ahora Merche) y una decía que había visto alguna ropa un poco rara, a lo que la otra respondió: “No te enteras, es que, a veces, lo raro es lo bonito”. Me inspira lo que te encuentras a la vuelta de la esquina. Lo que no buscabas y, sin embargo, encuentras.

V: ¿Sientes que tus reflexiones llegan al público de una forma agradable o quizás algo molesta por escuchar lo que no quieren oír?
P: Depende de si te das por aludido. Hay veces que cuando un comentario mío no te toca de cerca te puede hacer gracia, pero luego, cuando a uno le tocan “lo suyo” entiendo que es más difícil tener sentido del humor. Creo que es muy importante tener la capacidad de saber reírse de uno mismo y de saber encajar las críticas. De todos modos yo todo lo digo con todo el cariño.

V: Llevas 10 años escribiendo para mucha gente, ¿ves el blog como un hobbie o ya se ha convertido en una necesidad?
P: Es un hobbie, sin duda, una forma de quitarse losas de encima, pero para mí, más que en una necesidad, se ha convertido en una droga. Cuando alguien te dice que disfruta con lo que escribes es imposible dejarlo. Como dijo Liza Minelli una vez “soy adicto a los aplausos”.

V: Tu corto “Mar y Montaña” enfrenta dos personalidades muy opuestas. ¿Con cuál te identificas?
P: Me identifico con las dos. Ambas personalidades están dentro de mi. He sufrido, por supuesto, como todo el mundo, pero soy muy vitalista, como el corto en sí. Da igual lo que ocurra, al final siempre va a volver a sonar tu canción favorita…

V: Las it-girls, Miranda Makaroff y Lucía Maldonado dan vida a las protagonistas. ¿Podrías definirme a cada una con un adjetivo?
P: Miranda es la efervescencia y Lucía la introspección. Ambas son maravillosas y representan a la mujer contemporánea.

V: ¿Tuvo la repercusión que esperabas?
P: Sí, la verdad es que fue muy bien, la linkearon en webs extranjeras y el feedback fue muy bueno. No esperaba menos, pero tampoco más, aunque hubiese estado bien que hubiese sido el primer cortometraje en ganar un Pulitzer, sin duda. Es un cortometraje muy sencillo, sin efectismos. No cuento una historia, solo muestro una manera de ver la vida. Sin más.

V: ¿Te animarías con otro corto o te das por satisfecho con esta producción?
P: La verdad es que no soy nada de forzar las cosas. Tiene que surgir. No sé que estaré haciendo dentro de un año. Lo mismo me da por hacer punto y saco una colección de bufandas, uno nunca sabe. Tengo una historia entre manos, pero es más complicada y tengo que encontrar el momento preciso, pero pronto habrá algo más relacionado con el audiovisual, sí.

V: En tu blog hablas mucho de comida basura, ¿Sueles comer mucha?
P: Muchísima. Amo McDonalds, cenar pizza, los cronuts… Cuando como en McDonalds siempre tengo la impresión de que es viernes… Pero es cierto que de un tiempo a esta parte nos hemos hecho más al fast food gourmet, soy un foodie junk gourmet en toda regla. Buscamos cada vez hamburguesas mejores, las del Mad Café o las del Alfredo’s. Y también es cierto que, entre semana, en casa me cocinan muy bien y muy sano, por aquello de contrarrestar. Como mucho brócoli.

V: Fuiste “Teen en los 90”, como titulas tu libro. ¿Qué recuerdas con nostalgia de aquella década?
P: Es muy difícil recordar una época tan maravillosa sin nostalgia. Imagino que, aunque soy consciente de que para mucha gente la adolescencia es una dura etapa, cada uno recuerda su adolescencia de un modo parecido, como esa arcadia llena de luz, donde cada verano era un mundo lleno de emoción. Twin Peaks, Cindy Crawford, Mónica Lewinski, el grunge, ese momento previo a que estallara internet, cuando aún nos enviábamos cartas en septiembre. Yo invito a vivir el presente, pero el presente, inevitablemente, siempre es presente y pasado. El presente, nada más nombrarlo, pasa a ser historia. Uno es lo que es en el momento presente más todo lo que ha vivido hasta ese momento.

V: ¿Te hubiera gustado vivir en la época de la movida madrileña?
P: Sí. Me gustaría tener una máquina del tiempo y poder visitar todas las épocas, en algunas me quedaría poco tiempo y en otras, como en esa en concreto, quizá me quedaría más días. A mí me ha tocado vivir la explosión clubbing de los 90 y luego el electroclash, que también estuvo muy bien. Pero sobre todo me gustaría vivir el futuro. Creo que el futuro será increíble. Me gustaría que me mordiese un vampiro para ser inmortal y vivir el futuro, todos los futuros hasta que la Tierra se convierta en cenizas.

V: ¿Qué te parece la noche madrileña en esta época?
P: Me da mucha lástima cuando me encuentro con gente que reduce la noche madrileña a si hay más o menos afters abiertos. La noche madrileña es mucho más que cinco discotecas: es la noche más increíble de Europa, nada que ver con la noche de Ibiza, de pulseras y entradas a 40€, ni con la noche de Berlín, tan impostadamente subersiva. La noche de Madrid es un extraño que te cuenta su vida, entre semana, un martes, gente echada a perder, gente perdida que encuentra la bondad de los desconocidos, que decía Tennessee Williams. En muy pocas ciudades, quizá también en Nueva York y en México D.F., la gente está tan predispuesta a que el azar mueva sus fichas como en la noche de Madrid. Ningún gobierno puede luchar contra eso.

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V: Ya que no tienes pelos en la lengua y eres un coolhunter de los pies a la cabeza, cuando ves a algún amigo con un modelito que hace que te duelan los ojos, ¿Sueles decírselo?
P: Nunca. Para mi la ropa sólo son trapos. Trapos que te describen como persona y que definen la época en la que te encuentras, pero trapos, al fin y al cabo. Reconozco que muchas veces resulta tentador aquello de “bajar los humos” y de “poner en su sitio” a aquellos que presumen de lo que carecen, pero a una personalidad bondadosa que no mira por encima del hombro a nadie, jamás se me ocurriría corregirla, ni reprenderla. La sinceridad, a veces, simplemente es mala educación. Cuando veo en Telecinco que alguien dice “yo soy sincera, soy así y al que le parezca bien estupendo y al que no también” siempre pienso “chica, pues mejor que no seas sincera porque nadie te lo ha pedido”. La autenticidad no es no tener pelos en la lengua, sino vivir en un mundo propio en el que te da absolutamente igual lo que los demás hagan o dejen de hacer.

Ronda relámpago

Un color: el verde
Un perfume: Blv de Bulgari
Una comida: el Big Mac
Una película: “Cléo de 5 a 7” de Ágnes Varda
Un actor/actriz: Miles Teller y Felicity Jones
Un bloggero/a: Lo de bloggero ya… Instagramers más bien: @soryasmint
Un restaurante: Las pizzas de Picsa
Una tienda: la librería Panta Rhei. Me tiraría ahí horas.
Un evento: Las sesiones de películas que hacen en el cementerio de Londres.
Una bebida: no bebo, pero a veces brindo con spritz.

Por Patricia Navarro
Foto Jaime Mengual

1 Comment

  1. Lisa Robuson

    21/03/2015 at 17:07

    el corto esa mejor que los de sidagnes, hay que reconocerselo a popy falto

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