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¿Qué hacemos contigo, Björk?

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BJÖRK GUSTMUNDOTTIR. ¿QUÉ HACEMOS CONTIGO, GUSTMUNDOTTIR?

A buenas horas se me ocurrió el otro día poner un status en el Facebook sobre Björk. Yo quería hacerme el listo, a cuenta de su nuevo single “Crystalline”, dando una de cal y otra de arena, con esa equidistancia que exigen los status que pretenden mostrarte irresistiblemente juicioso y atractivo. Buena la hice. Esta mujer concita hoy en su cuerpecito de lagartija todos los odios (y algún amor, pero diría que menos apasionados) tradicionalmente reservados para los secuestradores de niños. Haced la prueba, poned sólo una diéreis sobre una ö en vuestro muro, y este se os llenará de espumarajos. ¿Es para tanto? ¿Qué les has hecho, Björk Gustmundottir?

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La nueva imagen de la islandesa, sí, detrás de esa roca está Björk.

Para los críticos más comedidos, a los que su voz o su aspecto no le da ganas de destripar peluches con un cuchillo jamonero, Björk se ha quedado en una cosa antigua, en la cuneta de los dinosaurios (como respondía un bello y no menos inteligente comentador), ¿ya no da más de sí?… En una maldición histórica que atañe a músicos de toda condición (desde Los Planetas a los Doors) Björk ha acabado por ser víctima de sus propios fans. Y algo de responsabilidad propia ha de tener la verdadera precursora de la palabra “simbiosis” para que se nos tense la espalda cuando alguien cita entre sus artistas favoritos a Doña Géiser. Para nosotros, que descubrimos emocionados aquellos primeros discos (“Debut” y “Post” sin duda cambiaron la historia y la forma de percibir la música) y que caímos en cierto desdén por culpa del abrazo -¡electrónico!- de abrazafarolas de toda condición, Björk no deja de ser una prueba más de nuestra arrogancia.

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Sea como sea, analicemos a la Björk del 2011, dios mediante, en unas pinceladas entre superficiales y vulgares:

1- El single Crystalline. Para quien crea que en sus últimos trabajos se ha perdido en tintineos derivativos, no es del todo una buena noticia.  Aunque a quien esto suscribe el desparrame drum´n´bass del último tercio de la canción le parece bien. Así que un bien, le damos.

2- Las nuevas canciones. Ya se puede escuchar por ejemplo aquí con un fondo de analógicos y poco derivativos vientos. Lo más rallante, un título marca de la casa. Ay Björk, qué manía de abarcarlo todo. “Cosmogonía”. ¿Por qué?

3- El iPad. Tampoco es nada del otro mundo. Pero cuando nos enteramos de que el nuevo trabajo de Björk integra música convencional con aplicaciones para iPhone / iPad (https://itunes.apple.com/mx/app/bjork-biophilia/id434122935?mt=8) nos preguntamos de dónde coño vamos a sacar el tiempo para cacharrear y asombrarnos con nuestra propia capacidad creativa y de interacción con las máquinas vs. pangea. Pero si tienes 19 años y un poco de curiosidad, el tiempo no existe. Sólo existe la música y sus circunstancias. Ella no es una Bigas Luna de la vida desesperada por no perder un tren, y en ese sentido sigue una coherente y metalúrgica senda: siempre ha intentado sintentizar electrónica, música y naturaleza en su propia personita y de una forma avanzada, como una hierbas de aluminio. Estamos seguros de que hay una complicada tarea de investigación y quién sabe si no una nueva propuesta en cuanto a la forma de escuchar / participar en la música. Lo digo sin ironía. Pero no tengo iPad.

4- Titi. En un tiempo en el que ha tenido que venir Lady Gaga (vale, vale, vale…) para demostrarnos que una opción estética es también una apuesta decidida por la creatividad, la individualidad y la autoafirmación artística. Björk lo hace -lo hizo siempre- sin más. No da explicaciones. ¿Born this way? Pos fale. Su nueva peluca naranja le ha valido comparaciones con un, ejem, mono titi.

5- David Attenborough. Biophilia (y dale con los títulos), la nueva propuesta artística presentada a principios de este mes en el Festival Internacional de Manchester (no permitió cámaras) contaba con la voz de una de las personas más majas de las sobremesas de medio mundo, Sir David Attemborough. Para el que esto escribe, los héroes unen mucho.

Dos episodios que nos sirven para poner a la Gustmundottir en valor hoy, en plan anécdota:

A- Esto ya lo hemos visto antes, pero los que sabemos que uno de los mejores momentos para escuchar música es en un coche mientras conduces (aunque sea vestida con una escafandra), le hace ganar un cuarto de punto:

B: Y esto nos parece reguay y le hace ganar bien de puntos:

https://www.youtube.com/watch?v=UxXB_LbxgvA

Aunque al final lo que importan son las canciones, su esfuerzo por ofrecer cosas nuevas y otras perspectivas es algo que choca contra nuestra propia pereza, y la coloca en un limbo que no estamos seguros de querer explorar. Veremos cómo suena su nueva música. Lo que es indudable es que esta mujer menuda y excéntrica con cara de polo de mandarina ha cambiado la historia de la música. Y no para bien o para mal. No. Para un lado solo: (https://www.guardian.co.uk/music/2011/jul/04/bjork-innovation-simon-reynolds).

Por Alberto Pereira.

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