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Melancholia, ¡por fin!

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Hoy es el día. Curiosamente, España no ha sido el último país (esta vez por delante de Estados Unidos) en estrenar el vigésimo quinto trabajo como director de Lars von Trier, que se ganó la admiración en Cannes por su maravillosa cinta apocalíptica, a pesar de ser nombrado ‘persona non grata’ por decir básicamente ‘entiendo a Hitler, siento simpatía por él’. No obstante la expectación del jurado por “Melancholia” debía llegar a una curiosidad tal, que la película se mantuvo en competición oficial hasta el final del festival, y alzó a Kirsten Dunst como mejor actriz por su sublime papel de Justine. El quit de la cuestión en Melancholia” reside en la propia opinión que von Trier tiene de ella: “es posible que no me guste absolutamente nada la película que he hecho. Básicamente, porque se acerca peligrosamente al cine mainstream de estética más americana’. Nuestra opinión, hemos de reconocer, difiere considerablemente con la del director.

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En un inicio anecdóticamente similar a El árbol de la vida, la película más esperada del año comienza uniendo imágenes de un colorido prácticamente poético y centrado en nebulosas de la Vía Láctea, dando paso a pájaros cayendo sobre un paisaje dibujado que nos introduce en un retrato en movimiento (extremadamente ralentizado) de Justine (Kirsten Dunst) vestida impetuosamente de novia, sumergida en la mitad de su cuerpo sobre un río, rodeado de nenúfares y ramaje.

Sorprendentemente, y para nuestra delicia, Lars von Trier introduce por fin la música de manera más consistente en “Melancholia”, principalmente el preludio de Wagner para”Tristán e Isolda”.
A partir de ahí, la película va rodada (que no veloz). Dos escenas, dos partes, dos puntos de vista protagonizados y antagonizados por Dunst y Charlotte Gainsbourg. Ambas excepcionales, soberbias, desnudas y sin un sólo atisbo de edulcorante. Dos actitudes ante la vida y ante el fin inhexorable de la vida, cuya manifestación física en “Melancholia” cobra unas dimensiones y unas circunstancias tan imposibles como galácticas. No apta, ni en forma ni en fondo, para aquellos que son capaces de no llevarse un problema a la cama, ni para mentes optimistas con certezas y verades fuera de peligro.
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Por Mario Ximénez

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