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Entrevista

Carmen Lomana, una mujer fantástica

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A propósito de la exhibición de su armario en el madrileño Museo del Traje –que recoge piezas de Dior de Galliano, o de los desaparecidos Azzedine Alaïa, Alexander McQueen y David Delfín-, Carmen Lomana habla con Vanidad sobre televisión y moda y rememora cientos de anécdotas.

Carmen, te echamos de menos en televisión. ¿La echas tú de menos?

Esto que me dices lo oigo mucho. Habría que preguntarles a ellos, a los directores de las cadenas. A mí me encantan los medios. Gracias a ellos he podido conocer testimonios interesantísimos de toda clase de personas. Con Las joyas de la corona disfruté mucho. Y no sabes cuanta gente me ha dicho lo mucho que se divertía viéndolo, y cuanto aprendía. Era un programa muy blanco, te reías. Un día me perdí por la serranía de Ronda y fui a parar a la casa de una familia en busca de ayuda, porque yo no tenía ni idea de dónde estaba, y la señora alucinó al verme en su puerta. “¡Pepe! La Lomana! ¡Está aquí la Lomana!”, le gritó a su marido. Y el tal Pepe apareció, con el bañador y la barriga, y me contó que sus hijos solían poner en práctica en la mesa los consejos de protocolo que yo daba. Cosas como esa justifican mi amor por los medios. Opino además que la televisión tiene una responsabilidad enorme, y echan cada cosa… Influye mucho en la vida de las personas.

Medias de Wolford

Medias de Wolford

 

“Universo Lomana” fue tu carta de presentación en el medio, oficialmente. ¿Cómo recuerdas aquella época? A lo tonto han pasado ocho años y tú en 2010 enlazaste aquel programa con “Más que baile” y “Las joyas”.

Recuerdo toda una serie de momentos increíbles. En Universo Lomana, por ejemplo, cuando visité el estudio de Isabel Toledo en Nueva York, o en Tiffany. Coincidí con Galliano en una tienda de Dior, durante un evento, y lo quise entrevistar pero no pude. Charlé con él pero mi cámara, el cámara que me acompañaba, ni siquiera sabía quién era y no grabó la conversación. Imagínate, también. Poder descubrir al público lugares y personas tan fascinantes, fue maravilloso.

¿Volverás?

No es una cuestión mía, de verdad. Hay proyectos, pero no puedo hablar de ellos porque no todavía no están firmados. Como te digo, me gustan mucho los medios. Adoro la radio. He estado un año y medio colaborando en Onda Cero y ahora estoy en Cope. Me hace mucha ilusión cuando una persona me para por la calle y me dice que he sido un ejemplo para ella. A través de mis libros he conectado con mujeres extraordinarias. En Vigo, una ingeniera naval, no una tonta del bote, maravillosa, me dijo que Los diez mandamientos de la mujer (Espasa, 2010) le hizo cambiar el chip y mejoró su vida. En Valencia también mantengo relación con otra mujer fantástica, otra lectora.

Tú has trabajado toda la vida en banca. ¿Cómo llegaste a los platós?

Trabajé en banca muchos años, sí, pero toda la vida no. Empecé como relaciones públicas del Santander en la City de Londres. Botín y yo éramos buenos amigos, por mi padre, y le alegró mucho que quisiera trabajar en el banco. A mi padre la idea le horrorizó. Recuerdo aquellos años con muchísimo cariño. Yo tenía 20, o sea. Conocí a todos los presidentes de los grandes bancos. Fue una época de un enriquecimiento personal enorme. Después quise aprender el trabajo en oficina. Estuve en el departamento del mercado del eurodólar mucho tiempo. Lo aprendí todo sobre mercado, bolsa, fondos. Luego estuve en el departamento iberoamericano. Aún seguí unos años, ya en San Sebastián con Guillermo, al venirnos de Londres, pero dejó de interesarme. Ya no disfrutaba. Y monté mi tienda.

Antes de cambiar de tema: tu llegada a los platós, ¿cómo fue? Eres muy mediática, y lo reconoces. Gustas a mucha gente porque eres franca, ¿no? Gustas incluso a gente que no tiene nada que ver contigo. 

Mira, odio la hipocresía. O digo lo que pienso o no digo nada. Sinceramente. De otra manera no lo entiendo. A los platós llegué porque me llamaron.

Camiseta de Bershka, pitillos de IKKS, salones de Pura López y pendientes de Chopard

Camiseta de Bershka, pitillos de IKKS, salones de Pura López y pendientes de Chopard

Ahora eres noticia porque el Museo del Traje exhibe más de 60 vestidos de tu colección privada. Trajes y trajes de prêt-à-porter y Alta Costura. Algún que otro Dior de John Galliano, varios Valentinos, un Alexander McQueen… ¿Desde cuando te interesa la moda? Imagino que desde mucho antes de abrir la tienda en San Sebastián.

En total hay seis diseños de John Galliano para Dior en la muestra. Y en mi casa tendré otros diez. 12, yo creo. He cedido varios Valentinos, algunos Óscar de la Renta, que para mí es Dios. La moda me gusta desde pequeña. Yo ya en la cuna exigía que las sábanas estuvieran planchadas (ríe) Me acuerdo perfectamente. Era tremenda con la ropa. Tenía que ir impecable. Mis padres también, siempre iban bien vestidos. Y yo era su niña, y era muy presumida. De muy pequeña ya solía acompañar a mi madre a los talleres de costura de Barcelona, donde estaban los mejores.

Mi tienda fue un éxito. Era diferente a todas las tiendas de por aquel entonces. Era minimalista, parecía que había poca ropa, pero no, porque solo había unos pocos artículos expuestos. Tuve clientes de París, de Montecarlo. De Bilbao y Madrid, claro, y de Barcelona. Conocí a Manuel Piña, a Jesús del Pozo, a Josep Ferrer, que no sabes qué esmóquines más bonitos. Con la tienda aprendí a tener rigor. En aquella época Madrid no me interesaba. En la movida, Agatha, pero poco más.

Dices que no pretendías hacer una colección y que detrás de cada vestido hay una historia de amor. Cuéntame la más especial.

No por novios. Tienen detrás una historia sentimental mucho mayor. Algunos fueron muy difíciles de conseguir. Ediciones limitadas. Hay un Pedro Rodríguez de mi madre maravilloso. Y otro, un Loewe de Narciso Rodríguez, precioso, que llevé en la última fiesta a la que fui con mi marido, antes de que tuviera el accidente. El 12 de octubre del 98 en San Sebastián, en el Teatro Real.

Tu pieza española más bonita.

Tengo varios vestidos de Elio Berhanyer fantásticos, del año 2000. Un kimono de Marcos Luengo muy bonito. Y un abrigo de Teresa Helbig dorado espectacular, con la parte de atrás plisada. Un Davidelfín que llevé a un evento que compartí con él en la Embajada de Francia… Como ves, todos esconden una historia especial.

¿Hay algún vestido que no hayas querido exhibir? ¿Por qué?

Sí, muchos. Porque me daba pena. Luego pasa lo que pasa. Hay expuesta una capa de Dolce & Gabbana maravillosa que quiero ponerme y no puedo. Tendría que robarla del museo y volver a colocarla después. Así que, por pena, muchos siguen conmigo en casa. Otros porque se nos han escapado de la sección, por el espacio y la falta de maniquíes.

Camiseta del estilista, pantalón de Levi's, cazadora de IKKS y pendientes de Chopard

Camiseta del estilista, pantalón de Levi’s, cazadora de IKKS y pendientes de Chopard

¿Has dejado algún diseño abandonado por el camino, a lo largo de tu vida?

Muchos. En mudanzas… Por eso no tengo madera de coleccionista. Me interesa el espíritu de la pieza, de la belleza y del impulso. Siempre que he cambiado de casa he querido irme libre de equipaje. He dejado Yves Saint Laurents del 75, el Pertegaz precioso verde esmeralda que llevé en mi puesta de largo. Hasta mi traje de novia, que es de gritar de bonito, me lo dejé en mi antigua casa de San Sebastián. Mi felicidad no está en cuanto tengo. Está en otras cosas. En lo más simple, al final.

Diseñador favorito de todos los tiempos

No ha habido mayor genio que Coco Chanel. Hay grandísimos diseñadores, pero ella… Rompió todos los esquemas. Quitó el corsé, usó el punto, ¡el punto!, a principios de siglo, supón. Cambió las pamelas por las boinas, puso de moda el pantalón. La bisutería que hizo, con Fulco di Verdura, maravillosa. También me gustan mucho Yves Saint Laurent, Balenciaga. Del siglo XXI me quedo con Galliano. Un ídolo.

Un diseñador infravalorado, o maltratado, y otro sobreestimado

Olvidada, Mary Quant, que marcó una época yeyé, con Twiggy, en pleno swinging London. Infravalorado en España, Pedro Rodríguez, que en los 60 vistió a toda la aristocracia del país. Sobreestimado, creo que Donatella Versace a Gianni no le llega a la suela de los zapatos. Schiaparelli, muy olvidada también. Ella creó toda una estética surrealista.

 

Texto: Alejandro Bernad

Fotografía: Javier López

Realización: Fran Marto 

Maquillaje y peluquería: www.beatrizmatallana.com

Vídeo: Izabela Renata

Agradecimiento especial a Master Pro Studio

 

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