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Daisy Lowe

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A los 15 ganó las Olimpiadas de Química de su instituto. De ahí a chica Agent Provocateur, Marc Jacobs y Pringle of Scotland y ahora de Vuitton. Daisy Lowe es épica.

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A Daisy Lowe todo el mundo la encasillaría, sin pensárselo dos veces, en el grupo de las cheerleaders preocupadas porque nadie les arrebate el título de prom queen. Sobre todo, desde que se ha hecho con una plaza fija en el podio de las brit-it-girls (Pixie, Alexa, ya saben), esa nueva camada de cachorras salvajes que aspiran a largo plazo a ocupar el lugar mental que tiene Kate Moss ahora mismo en nuestras cabezas.

Pero resulta que Daisy no es todo lo que aparenta. Detrás de los posados en desnudo integral que tus amigos se intercambian en mails y almacenan en su carpeta de Jpgs subiditos de tono hay algo más. Hay una Daisy plenamente consciente de sus curvas que arremete contra la anorexia promovida por diseñadores y revistas femeninas. Una Daisy aplicada que a los 15 años ganó las Olimpiadas de Química de su instituto (el premio era un kit forense), el mismo año que protagonizó su primera campaña para Agent Provocateur. Una Daisy que de los siete a los nueve cambiaba los pañales de sus hermanos pequeños, Alfie y Frankie, mientras su madre, Pearl Lowe (ex-cantante de Powder, que la tuvo con 18 años) dormía la resaca de los excesos de las drogas y el alcohol. Una adolescente para la que la única forma de rebelión contra su madre y su tren de vida destroyer consistió en “ser normal”. Hasta que se cansó.

Hasta que Daisy decidió mudarse a Nueva York, el año pasado. Un traslado que se intuyó como una manera de dejar atrás toda la presión mediática sufrida por los tabloides ingleses, los mismos que se encargaron de revelarle, a los 15 años, que su verdadero padre era Gavin Rossdale, que hasta entonces ejercía de íntimo amigo de la familia y padrino de Daisy. El culebrón se complicó cuando Rossdale tuvo un hijo con su actual pareja, Gwen Stefani. Desde entonces, las relaciones se han enfriado y ahora Danny Goffey, el batería de Supergrass (el novio de su madre), es lo más parecido a un padre adoptivo que haya tenido nunca.

Daisy aterrizó a Nueva York del brazo de Sarah Leon, la misma agente que descubrió el potencial de Agyness Deyn y a Sienna Miller, otras dos inglesas que se han merendado la Gran Manzana con arrolladora determinación. Y no le fue mal del todo: en pocos meses protagonizó campañas para Marc Jacobs, Pringle of Scotland, Converse, Esprit, diseñó una colección para Swaroski Crystalized y logró un cameo en un vídeo de la firma masculina Percival.

Por el camino, un posado desnudo con su novio Will Blondelle en la portada del I-D que generó ríos de tinta y una mediática relación con el célebre DJ Mark Ronson que, mientras duró, se convirtió en la gallina de los huevos de oro de la prensa del corazón (¿se imaginan las citas dobles que debían tener cuando la hermana de Mark, Samantha, salía con Lindsay Lohan?). Ahora parece que las aguas se han calmado en la ajetreada vida de Daisy. Ha vuelto a Londres, a los orígenes. En una entrevista reciente publicada en la revista Gentlewoman hablaba de lo mucho que la relaja mentalmente limpiar y tener escrupulosamente ordenada su casa. A los fetichistas les gustará saber que su delantal es de Chanel, que le gusta llevarlo sin nada debajo y que es de las que usa guantes para fregar los platos mientras escucha a The XX. Puro erotismo doméstico.

Aunque la guinda del pastel a todo un año de incansables apariciones en fiestas y editoriales es su fichaje por Louis Vuitton. La firma de lujo la ha fichado para ser la imagen de Cosmic Blossom, una de las colecciones más juveniles y femeninas que se han visto en la casa francesa en mucho tiempo, diseñada por el japonés que más recuerda a Andy Warhol, Takashi Murakami. Lo más parecido a subir a la Primera División del mundo de la moda. Y con sólo 21 años. ¿Que qué le queda por hacer? Puenting. No es broma. Charlamos brevemente con ella. Sobre Terry, Marc, sus diseñadores favoritos y su adorado Londres.

Por Leticia Blanco.
Fotografía de Simon Harris.
Realización de Alton Hetariki.

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